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Biblia Platense (Straubinger)

Eclesiastés 7

1Pues, ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre mientras vive, en los días de su vida de vanidad, que él recorre como una sombra? Y ¿quién puede decir al hombre lo que después de él ha de ser bajo el sol? 2Más vale la buena reputación que preciosos ungüentos, y más el día de la muerte que el del nacimiento. 3Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del festín; pues aquella (recuerda) el fin de todos los hombres, y el viviente se pone a reflexionar. 4Mejor es el pesar que la risa, pues la tristeza del rostro es medicina para el corazón. 5El corazón de los sabios está en la casa del luto, y el de los necios en la casa del placer. 6Más vale oír la reprensión del sabio, que escuchar el cantar de los necios; 7porque como el crepitar de los espinos debajo de la olla, así es la risa de los necios. Y también esto es vanidad. 8Porque la vejación conturba al sabio, y las dádivas corrompen el corazón. 9Mejor es el fin de una cosa que sus comienzos; y vale más el hombre sufrido que el arrogante. 10No seas ligero en airarte; la ira reside en el seno de los insensatos. 11No preguntes: “¿Por qué los tiempos antiguos fueron mejores que estos?”, porque no es sabiduría el preguntarlo. 12Cosa buena es la sabiduría con bienes materiales, y de gran provecho para los que ven el sol. 13Escudo es la sabiduría, y escudo es el dinero, pero el conocimiento de la sabiduría tiene la ventaja de dar vida a su poseedor. 14Considera la obra de Dios: ¿Quién podrá enderezar lo que Él encorvó? 15En el día de la prosperidad goza de la prosperidad, y en el día de la adversidad ten presente que Dios hizo al uno como al otro, a fin de que el hombre nada sepa de lo que ha de venir después de Él. 16Todo lo he visto en los días de mi vanidad: al justo, que perece en medio de su justicia, y al malvado, que vive largo tiempo en medio de sus iniquidades. 17No quieras ser demasiado justo, ni demasiado sabio. ¿Por qué quieres perderte? 18No hagas mucho mal, ni seas insensato. ¿Por qué quieres morir antes de tiempo? 19Bueno es retener lo uno, sin dejar de tu mano lo otro; porque quien teme a Dios, evita todos esos (excesos). 20La sabiduría da al sabio más fuerzas que diez poderosos que hay en la ciudad. 21Porque no hay sobre la tierra hombre justo que obre bien y no peque nunca. 22No prestes atención a todas las palabras que se dicen, no sea que oigas a tu siervo hablar mal de ti. 23Pues bien sabe tu conciencia que también tú muchas veces has murmurado de otros. 24He probado todo esto por medio de la sabiduría. Me dije “Quiero ser sabio”, mas la (sabiduría) está lejos de mí. 25Lo que se queda lejos y es más profundo, ¿quién podrá alcanzarlo? 26Apliqué mi corazón para conocer, investigar y buscar la sabiduría y la razón de ser (de las cosas), y para conocer la maldad de la insensatez, la necedad y la locura, 27y hallé que más amarga que la muerte es aquella mujer cuyo corazón es lazo y red, y cuyas manos son cadenas. Quien agrada a Dios, escapa de ella, pero el pecador quedará preso en sus lazos. 28He aquí lo que hallé, dice el Predicador, contemplando una cosa tras otra para averiguar sus razones, 29las cuales busca todavía mi alma, sin poder encontrarlas. Entre mil hallé un hombre, pero no una mujer entre otras tantas mujeres. 30Pero esto hallé; nótalo bien: Dios creó al hombre recto; mas ellos se entregaron a muchos vanos pensamientos. ¿Quién como el sabio? ¿Quién sabe explicar las cosas?

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