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Biblia Platense (Straubinger)

Salmos 72

1De Asaf. ¡Cuán bueno es Dios para Israel, el Señor para los que son rectos de corazón! 2Pero, mis pies casi resbalaron, cerca estuve de dar un mal paso; 3porque envidiaba a los jactanciosos al observar la prosperidad de los pecadores. 4No hay para ellos tribulaciones; su cuerpo está sano y robusto. 5No conocen las inquietudes de los mortales, ni son golpeados como los demás hombres. 6Por eso la soberbia los envuelve como un collar; y la violencia los cubre como un manto. 7De su craso corazón desborda su iniquidad; desfogan los caprichos de su ánimo. 8Zahieren y hablan con malignidad, y altivamente amenazan con su opresión. 9Su boca se abre contra el cielo, y su lengua se pasea por toda la tierra. 10Así el pueblo se vuelve hacia ellos y encuentra sus días plenos; 11y dice: “¿Acaso lo sabe Dios? ¿Tiene conocimiento el Altísimo? 12Ved cómo tales impíos están siempre tranquilos y aumentan su poder. 13Luego, en vano he guardado puro mi corazón, y lavado mis manos en la inocencia, 14pues padezco flagelos todo el tiempo y soy atormentado cada día.” 15Si yo dijere: “Hablaré como ellos”, renegaría del linaje de tus hijos. 16Me puse, pues, a reflexionar para comprender esto; pero me pareció demasiado difícil para mí. 17Hasta que penetré en los santos arcanos de Dios, y consideré la suerte final de aquellos hombres. 18En verdad Tú los pones en un camino resbaladizo y los dejas precipitarse en la ruina. 19¡Cómo se deslizaron de golpe! Son arrebatados, consumidos por el terror, 20son como quien despierta de un sueño; así Tú, Señor, al despertar despreciarás su ficción. 21Cuando, pues, exasperaba mi mente y se torturaban mis entrañas, 22era yo un estúpido que no entendía; fui delante de Ti como un jumento. 23Mas yo estaré contigo siempre, Tú me has tomado de la mano derecha. 24Por tu consejo me conducirás, y al fin me recibirás en la gloria. 25¿Quién hay para mí en el cielo sino Tú? Y si contigo estoy ¿qué podrá deleitarme en la tierra? 26La carne y el corazón mío desfallecen, la roca de mi corazón es Dios, herencia mía para siempre. 27Pues he aquí que cuantos de Ti se apartan perecerán; Tú destruyes a todos los que se prostituyen, alejándose de Ti. 28Mas para mí la dicha consiste en estar unido a Dios. He puesto en el Señor Dios mi refugio para proclamar todas tus obras en las puertas de la hija de Sión.

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