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Biblia Platense (Straubinger)

Sabiduría 9

1“Oh Dios de mis padres, y Señor de misericordia, que hiciste todas las cosas por medio de tu Palabra, 2y con tu sabiduría formaste al hombre, para que fuese señor de las creaturas que Tú hiciste; 3a fin de que gobernase la redondez de la tierra con equidad y justicia, y ejerciese el juicio con rectitud de corazón; 4dame aquella sabiduría que asiste a tu trono, y no quieras excluirme de entre tus hijos; 5ya que soy siervo tuyo e hijo de tu esclava, hombre flaco, y de corta edad, y poco idóneo para entender el juicio y las leyes. 6Porque aun cuando alguno de entre los hijos de los hombres fuese consumado, si se ausentare de él tu sabiduría, no valdría nada 7Tú me escogiste por rey de tu pueblo, y por juez de tus hijos e hijas. 8Me mandaste edificar el Templo en tu santo monte, y un altar en la ciudad de tu morada, a semejanza de tu santo tabernáculo, que dispusiste desde el principio. 9Contigo está tu sabiduría, que conoce tus obras, la cual se hallaba también entonces cuando creabas al mundo, y sabía lo que era acepto a tus ojos, y qué cosa era conforme a tus decretos. 10Envíala de tus santos cielos y del solio de tu grandeza, para que esté conmigo, y conmigo trabaje, a fin de que sepa yo lo que te place. 11Porque sabe ella todas las cosas, y todo lo entiende; me guiará con acierto en mis empresas, y me protegerá con su poder; 12con lo cual mis obras serán aceptas, y gobernaré con justicia a tu pueblo, siendo digno del trono de mi padre. 13Pues, ¿quién de los hombres podrá saber los consejos de Dios? ¿O quién podrá averiguar qué es lo que Dios quiere? 14Porque inseguros son los pensamientos de los mortales, e inciertas nuestras providencias. 15El cuerpo corruptible agrava al alma, y la morada terrestre deprime la mente, ocupada en muchas cosas. 16Difícilmente llegamos a formarnos un concepto de las cosas de la tierra; y a duras penas entendemos lo que tenemos delante. ¿Quién podrá, pues, investigar lo que está en el cielo? 17Y ¿quién podrá conocer tu voluntad, si Tú no le das la sabiduría y no envías desde lo más alto tu santo Espíritu; 18con que sean enderezados los caminos de los moradores de la tierra, y aprendan los hombres lo que te place? 19Visto que por la sabiduría fueron salvados, oh Señor, cuantos desde el principio te fueron aceptos.”

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