Biblia Platense (Straubinger)
Salmos 77
1Maskil de Asaf. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; presta oído a las palabras de mis labios. 2Voy a abrir mi boca en un poema, y evocaré escondidas lecciones del pasado. 3Lo que hemos oído y aprendido, lo que nos han contado nuestros padres, 4no lo ocultaremos a sus hijos; relataremos a la generación venidera las glorias de Yahvé y su poderío, y las maravillas que Él hizo. 5Porque Él, habiendo dado testimonio a Jacob, y establecido una ley en Israel, mandó a nuestros padres enseñarlo a sus hijos, 6para que lo supiera la generación siguiente, y a su vez los hijos nacidos de esta lo narrasen a sus propios hijos; 7de suerte que pongan en Dios su confianza, no olvidando los beneficios de Yahvé y observando sus mandamientos; 8para que no vengan a ser como sus padres, una raza indócil y contumaz; generación que no tuvo el corazón sencillo ni el espíritu fiel a Dios. 9Los hijos de Efraím, muy diestros arqueros, volvieron las espaldas en el día de la batalla; 10no guardaron la alianza con Dios, rehusaron seguir su ley; 11olvidaron sus obras y las maravillas que hizo ante los ojos de ellos. 12A la vista de sus padres Él había hecho prodigios en el país de Egipto, en los campos de Tanis. 13Dividió el mar por medio, y los hizo pasar, sosteniendo las aguas como un muro. 14De día los guiaba con la nube y toda la noche con un resplandor de fuego. 15Hendió la roca en el desierto, y les dio de beber aguas copiosísimas. 16Sacó torrentes de la peña, hizo salir aguas como ríos. 17Mas ellos continuaron pecando contra Él, resistiendo al Altísimo en el yermo; 18tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo comida según su antojo. 19Y hablando mal de Dios, dijeron: “¿Podrá Dios prepararnos una mesa en el desierto? 20Cierto es que hirió la peña, y brotaron aguas y corrieron torrentes; mas ¿podrá también dar pan y proveer de carne a su pueblo?” 21Yahvé lo oyó y se indignó; su fuego se encendió contra Jacob, y subió de punto su ira contra Israel, 22porque no creyeron a Dios, ni confiaron en su auxilio. 23Con todo, ordenó a las nubes en lo alto, abrió las puertas del cielo, 24y llovió sobre ellos maná para su sustento, dándoles trigo del cielo. 25Pan de fuertes comió el hombre, les envió comida hasta hartarlos. 26Después levantó el viento solano en el cielo, guio con su poder el ábrego, 27y llovió sobre ellos carne tanta como el polvo; aves volátiles como arena del mar 28cayeron en su campamento, en derredor de sus tiendas. 29Y comieron y se hartaron. Así Él les dio lo que habían deseado. 30Mas no bien satisfecho su apetito, y estando el manjar aún en su boca, 31se alzó contra ellos la ira de Dios, e hizo estragos entre los más fuertes, y abatió a la flor de Israel. 32Sin embargo, pecaron de nuevo, y no dieron crédito a sus milagros. 33Y Él consumió sus días en un soplo, y sus años con repentinas calamidades. 34Cuando les enviaba la muerte, entonces recurrían a Él, y volvían a convertirse a Dios, 35recordando que Dios era su roca, y el Altísimo su Libertador. 36Pero lo lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían; 37su corazón no era sincero para con Él, y no permanecieron fieles a su alianza. 38Él, no obstante, en su misericordia, les perdonaba su culpa, y no los exterminaba. Muchas veces contuvo su ira, y no permitió que se desahogase toda su indignación, 39acordándose de que eran carne, un soplo que se va y no vuelve. 40¡Cuántas veces lo provocaron en el desierto; cuántas lo irritaron en aquella soledad! 41Y no cesaban de tentar a Dios, de afligir al Santo de Israel. 42No se acordaban ya de su mano, de aquel día en que los libertó del poder del opresor, 43cuando Él ostentó sus prodigios en Egipto, y sus maravillas en los campos de Tanis, 44trocando en sangre sus ríos y sus canales, para que no bebiesen; 45enviando contra ellos unos tábanos que los devoraban, y ranas que los infectaron; 46entregando sus cosechas a la oruga, y el fruto de su trabajo a la langosta; 47destruyendo con el granizo sus viñas, y con heladas sus higueras; 48librando a la peste sus manadas, y sus rebaños al contagio; 49desatando contra ellos el ardor de su ira, su indignación, el furor, el castigo: un tropel de ejecutores de calamidad; 50dando libre paso a su saña, y entregando a ellos mismos a la peste, sin perdonar sus propias vidas, 51y matando a todo primogénito en Egipto, las primicias del vigor en las tiendas de Cam. 52Ni recordaban cuando como ovejas sacó a los de su pueblo, y los guio como un rebaño por el desierto, 53y los condujo con seguridad y sin temor, mientras sepultaba a sus enemigos en el mar. 54Y los llevó a su tierra santa, a los montes que conquistó su diestra; 55expulsó ante ellos a los gentiles, en suertes repartió la heredad de estos, y en sus pabellones hizo habitar a las tribus de Israel. 56Pero ellos aun tentaron y provocaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus mandamientos. 57Apostataron y fueron traidores, como sus padres; fallaron como un arco torcido. 58Lo movieron a ira con sus lugares altos, y con sus esculturas le excitaron los celos. 59Ardió con esto el furor de Dios; acerbamente apartó de sí a Israel, 60y abandonó el Tabernáculo de Silo, la morada que tenía entre los hombres. 61Abandonó al cautiverio su fortaleza, y su gloria en manos del adversario. 62Entregó su pueblo a la espada, y se irritó contra su herencia. 63El fuego devoró a sus jóvenes, y sus doncellas no fueron desposadas. 64A cuchillo cayeron sus sacerdotes, y sus viudas no los lloraron. 65El Señor despertó entonces como de un sueño -cual gigante adormecido por el vino- 66e hirió a los enemigos en la zaga, cubriéndolos de ignominia para siempre. 67Mas reprobó la tienda de José, y a la tribu de Efraím no la eligió, 68y prefirió a la tribu de Judá, el monte Sión, su predilecto. 69Y levantó, como cielo, su santuario, como la tierra, que fundó para siempre. 70Y escogió a su siervo David, sacándolo de entre los rebaños de ovejas; 71detrás de las que amamantaban lo llamó, para que apacentase a Jacob, su pueblo, y a Israel, su heredad. 72Y él los apacentó con sencillez de corazón, y los guio con la destreza de sus manos.