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Biblia Platense (Straubinger)

Salmos 21

1Al maestro de coro. Por el pronto socorro. Salmo de David. 2Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Los gritos de mis pecados alejan de mí el socorro. 3Dios mío, clamo de día, y no respondes; de noche también, y no te cuidas de mí. 4Y Tú, sin embargo, estás en tu santa morada, ¡oh gloria de Israel! 5En Ti esperaron nuestros padres; esperaron, y los libraste. 6A Ti clamaron, y fueron salvados; en Ti confiaron, y no quedaron confundidos. 7Pero es que yo soy gusano, y no hombre, oprobio de los hombres y desecho de la plebe. 8Cuantos me ven se mofan de mí, tuercen los labios y menean la cabeza: 9“Confió en Yahvé: que Él lo salve; líbrelo, ya que en Él se complace.” 10Sí, Tú eres mi sostén desde el seno materno, mi refugio desde los pechos de mi madre. 11A Ti fui entregado desde mi nacimiento; desde el vientre de mi madre Tú eres mi Dios. 12No estés lejos de mí, porque la tribulación está cerca, porque no hay quien socorra. 13Me veo rodeado de muchos toros; los fuertes de Basan me cercan; 14abren contra mí sus bocas, cual león rapaz y rugiente. 15Soy como agua derramada, todos mis huesos se han descoyuntado; mi corazón, como cera, se diluye en mis entrañas. 16Mi garganta se ha secado como una teja; mi lengua se pega a mi paladar, me has reducido al polvo de la muerte. 17Porque me han rodeado muchos perros; una caterva de malvados me encierra; han perforado mis manos y mis pies; 18puedo contar todos mis huesos. Entretanto, ellos miran, y al verme se alegran. 19Se reparten mis vestidos, y sobre mi túnica echan suertes. 20Mas Tú, Yahvé, no estés lejos de mí; sostén mío, apresúrate a socorrerme. 21Libra mi alma de la espada, mi vida del poder del perro. 22Sálvame de la boca del león; de entre las astas de los bisontes escúchame. 23Anunciaré tu Nombre a mis hermanos, y proclamaré tu alabanza en medio de la asamblea. 24Los que teméis a Yahvé alabadle, glorificadle, vosotros todos, linaje de Israel. 25Pues no despreció ni desatendió la miseria del miserable; no escondió de él su rostro, y cuando imploró su auxilio, le escuchó. 26Para Ti será mi alabanza en la gran asamblea, cumpliré mis votos en presencia de los que te temen. 27Los pobres comerán y se hartarán, alabarán a Yahvé los que le buscan. Sus corazones vivirán para siempre. 28Recordándolo, volverán a Yahvé todos los confines de la tierra; y todas las naciones de los gentiles se postrarán ante su faz. 29Porque de Yahvé es el reino, y Él mismo gobernará a las naciones. 30A Él solo adorarán todos los que duermen bajo la tierra; ante Él se encorvará todo el que desciende al polvo, y no tiene ya vida en sí. 31Mi descendencia le servirá a Él y hablará de Yahvé a la edad venidera. 32Anunciará su justicia a un pueblo que ha de nacer: “Estas cosas ha hecho Yahvé.”

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