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Biblia Platense (Straubinger)

Salmos 40

1Al maestro de coro. Salmo de David. 2Dichoso el que sabe comprender al débil y al pobre; en el día aciago Yahvé lo pone a salvo. 3Yahvé cuida de él y lo hace vivir, lo hace próspero sobre la tierra, y no lo entrega a la voluntad de sus enemigos. 4Yahvé lo conforta en el lecho del dolor, y calma sus padecimientos durante toda su enfermedad. 5Yo por mi parte digo: “Apiádate de mí, Yahvé, sana mi alma porque pequé contra Ti.” 6Mis enemigos hablan de mí con maldad (diciendo): “¿Cuándo morirá y perecerá su nombre?” 7Y el que viene a visitarme habla con falsía; en su interior hace provisión de maledicencia, y entonces sale afuera y la desparrama. 8Todos los que me odian se juntan para murmurar contra mí; imaginan de mí lo peor: 9“Le ha sobrevenido una peste maligna; se acostó y no volverá a levantarse.” 10Hasta mi amigo, de quien me fiaba, que comía mi pan, ha alzado contra mí su calcañar. 11Mas Tú, Yahvé, apiádate de mí; levántame para que les retribuya. 12En esto conoceré que me amas, si el que me odia no se huelga a costa mía, 13y me sustentas en mi integridad, conservándome en tu presencia para siempre. 14¡Bendito sea Yahvé, Dios de Israel, desde la eternidad y por la eternidad! Amén, Amén.

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