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Biblia Platense (Straubinger)

Salmos 58

1Al maestro de coro. Por el tono de “No destruyas”. De David. Miktam. Cuando Saúl mandó hombres que vigilaran la casa para matarlo. 2Dios mío, sálvame de mis enemigos; defiéndeme de los que me atacan. 3Líbrame de los que obran iniquidades y protégeme contra los hombres sanguinarios. 4Mira: ponen asechanzas a mi vida, y hombres poderosos conspiran contra mí. No hay en mí delito ni pecado, Yahvé. 5Sin culpa mía irrumpen y me asaltan. Despierta Tú, ven a mí y mira. 6Porque Tú, Yahvé, Dios de los ejércitos, eres el Dios de Israel. Levántate a castigar a todos los gentiles; no te apiades de ninguno de los pérfidos. 7Vuelven al anochecer, aullando como perros, y giran en torno de la ciudad. 8Mira la jactancia en su boca, y cómo injurian sus labios:.. “¿Quién hay que (nos) oiga?” 9Mas Tú, Yahvé te ríes de ellos; harás befa de todos los gentiles. 10Oh fortaleza mía, a Ti cantaré. Verdaderamente mi alcázar es Dios. 11La misericordia de mi Dios se me anticipará y me hará mirar con alegría a mis enemigos. 12No les des tregua, oh Dios; no sean tropiezo para mi pueblo. Confúndelos con tu poder y póstralos, oh Señor, escudo nuestro. 13Pecado de su boca es cuanto profieren sus labios; sean presa de su propia soberbia, de sus maldiciones y de sus mentiras. 14Destrúyelos en tu saña, destrúyelos hasta que ya no existan; entonces se sabrá que Dios reina en Jacob y hasta los confines del orbe. 15Vuelvan al anochecer, aullando como perros, y giren en torno de la ciudad; 16vaguen buscando qué comer, y si no se sacian, den aullidos. 17Entretanto, yo cantaré tu potencia, y desde la mañana saltaré de gozo por tu misericordia; porque fuiste mi protector, y mi refugio en el día de la tribulación. 18Oh fortaleza mía, a Ti cantaré. Verdaderamente mi alcázar es Dios, el Dios misericordiosísimo conmigo.

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